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Linux Mint, el sistema operativo que se apiadó de mi laptop



Hasta hace algunas semanas pensaba que mi Ultrabook Lenovo estaba pasando a la historia –corta historia, ya que estamos– de los dispositivos electrónicos de hoy. Porque, si bien es cierto, aunque cuides un equipo como si de un objeto sagrado se tratase, ya sea un PC, smartphone, televisor LED, etc., su vida útil tiene los días contados desde el día de su compra. Y es que la tecnología avanza a pasos tan agigantados, que cuando estamos acostumbrándonos a un dispositivo, sale el sucesor con varias mejoras (algunas importantes, otras no) con respecto a su hermano.

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Procesadores y tarjetas de video que se van quedando cortos por la insolente cantidad de recursos que se chupan con un uso promedio, y las gráficas de los juegos que son cada día más realistas, pero que nos fascinan, nos obligan a actualizar nuestros componentes para no quedarnos atrás en la lucha por defender, a la par de Sylvanas Windrunner, a Azeroth de Gul’dan y la Legión Ardiente.

Era el año 2007, si mal no recuerdo, cuando jugué World of Warcraft por primera vez. Desde el primer momento Azeroth y sus increíbles paisajes y monstruos me cautivaron. Por aquella época aún era un joven poco solvente, así que para poder disfrutar de esos juegos tenía que ir a un cybercafé, donde unos humildes PC’s con tarjeta de video integrada, un procesador Pentium y 1GB de ram (con suerte), se las apañaban de lo más bien para llevarnos a vivir las aventuras de Blizzard con Warcraft, o Rockstar Games con GTA. Pero hoy esos componentes no son capaces de cargar ni los créditos.

Sylvanas

Después de varios años sin jugar volví a las andadas hace unos meses con World of Warcraft, que estaba a punto de liberar Legion, su más esperada expansión después del fiasco anterior, Warlords of Draenor. Ok, quizás fiasco es un poco extremo, pero hay un consenso mundial entre los fieles jugadores de que la historia de WoD era más bien pobre. Me había saltado Wrath of The Lich King, Cataclysm y Mists of Pandaria por estar centrado muchos años en el trabajo como si de eso se tratase la vida, por lo que no había actualizado mi computadora que, con el uso moderado que le daba –Word, Excel, Photoshop, básicamente–, no requería de grandes componentes para trabajar en lo que hago, escribirles a ustedes puntualmente. Así que cuando renové equipo, después de haberle sacado el jugo a mi iMac de fines de 2007, y entusiasmado por volver a jugar World of Warcraft, decidí que era tiempo de comprar algo más potente, pero corriendo Windows, ya que el presupuesto para comprar lo nuevo de Apple no me daba (no hay suficientes clicks).

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Así que fui a la tienda más cercana y por un monto considerable, pero sin llegar a ser obsceno, adquirí un Ultrabook Lenovo como el de la imagen, con una pantalla de 14”, procesador Intel Core i3 de 5ta generación, 4GB de ram , 1TB de almacenamiento y una tarjeta Nvidia GeForce 940M, por nombrar los más importantes. Suficientes, según yo, para volver a caminar por Azeroth. A las horas de estar jugando, bajo Windows 10, el PC se estaba calentando, el ventilador funcionando a full, el procesador pidiendo agua y yo con la vena de la sien hinchada hasta casi reventar. Los cuelgues en el juego, incluso con las gráficas optimizadas con GeForce Experience y Razer Cortex, eran recurrentes, obligándome a reiniciar cada media hora o menos. Y no era sólo el juego, hasta Word, Photoshop y el navegar se hacía a ratos un suplicio.

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Soy usuario de Chrome desde hace años, y nunca he tenido problemas con él, pero ahora se me hacía insufrible. Parecía que con cada actualización se hacía más y más lento. Incluso llegué a considerar la teoría de que Microsoft estaba quitándole rendimiento a Chrome para obligarnos a usar Edge. Y no es una paranoia injustificada del todo, ya que Edge funciona relativamente bien, incluso con el equipo optimizado con Razer Cortex, que básicamente mata procesos para dedicarle la mayor cantidad de recursos a los juegos. Chrome tardaba sus buenos 90 segundos en abrir y quedar listo para navegar y aún así lo hacía pésimo. No me vengáis con lo de la conexión a Internet, ya que una banda ancha de 100 Megas a mi disposición deberían ser más que suficientes para cargar al golpe de Enter. Todo lo anterior, sumado a los recursos que Windows 10 se toma a bien quitarte para recopilar información en segundo plano (invadiendo tu privacidad, dicho sea de paso), habían convertido a una máquina medianamente decente en un cacharro más lento que la reactivación económica. Cuando estaba a punto de poner a la venta el equipo para comprar uno más moderno y con más poder, y con mi paciencia a punto de explotar, decidí probar una distro de Linux (GNU/Linux, para que no me lapiden los Linux Lovers).

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Ya había tenido alguna experiencia en el pasado con algunas distros, y consideré que era un sistema operativo correcto, pero que no cumplía con todo lo requerido para trabajar como Dios manda. Pero hoy, con todo el odio que sentía hacia Microsoft y su Windows 10, decidí darle una nueva oportunidad al software libre. Opté, después de mucho googlear investigar, por instalar Linux Mint 18.1, aunque también había considerado Elementary OS Loki, openSUSE 42.2 y Ubuntu 16.04.

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Ubuntu quedó eliminado después de media hora debido al problema más importante después de la instalación: no reconocía la antena Wi-Fi. Reparar el error era un lío tomando en cuenta que mi paciencia estaba llegando a niveles críticos, así que era más fácil desinstalarlo. Elementary OS es bonito y funcional, bastante parecido a OS X, pero ya había sido difícil deshacerme de mi iMac, así que no quería algo que me lo recordara o iba a explotar en llanto. OpenSUSE, aunque es seguro, no es “mi tipo”. Así que descargué Linux Mint “Serena” Cinnamon Edition (oh ironía, basado en Ubuntu 16.04, pero bien hecho), y aquí estoy con ustedes.

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La instalación de Linux Mint no puede ser más sencilla (si no consideramos la preparación del USB booteable), aún si no eres un usuario experto en sistemas operativos. Todo es muy predictivo, equivocarse es muy difícil. En Windows siempre he creado una partición que es donde guardo todo en caso de que el sistema falle y tenga que formatear, lo cual es cada tres meses (o menos). En Linux he dedicado el disco completo al sistema después de haber hecho un respaldo en un disco externo. Sólo 30 GB usados entre la instalación y actualización del sistema operativo y todos los programas que uso. Es poco frente a los 70 GB que ocupaba con Windows actualizado y todos los programas.

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Software de terceros para multimedia, mp3, Flash, gráficas y Wi-Fi, se cargan durante la instalación (optativo) por lo que, una vez terminada esta, la máquina está lista para usarse. La distro trae software pre-instalado, entre lo que se puede contar:

LibreOffice, en su última versión

Gimp, la alternativa a Photoshop

VLC, para reproducir multimedia

Thunderbird, cliente de correo

Firefox, navegador web

Qué instalé posteriormente, ya sea a través del Gestor de Software (“tienda”), como a través de Terminal:

Google Chrome: tengo sincronizada mi cuenta y ahí están todos mis marcadores

Spotify: la música mueve masas

Dropbox: respaldo de documentos, fotos, memes para burlarme de políticos chilenos, etc

MEGAsync: hombre precavido…

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El ventilador pasó a estar casi de vago. Es cierto que ya no juego (armaré un PC Gamer para ello) pero como dije, en Windows todos los componentes trabajaban a full, sin importar si estaba jugando, escribiendo en Word o viendo la foto de un gato. Writer, que es en donde estoy redactando antes de pasarlo a la web, funciona pero que de maravillas. Ya, no tiene todas las funcionalidades ni la estética a las que estamos acostumbrados en Office de Microsoft, pero para quienes sólo necesitamos escribir, hace el trabajo a la perfección.

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En conclusión, Linux Mint es un sistema robusto y estable, con todo lo que un usuario promedio y avanzado puede necesitar. Como no lo necesitas, no hablemos del espacio que te vas a ahorrar en antivirus; antivirus que se chupa parte del procesador y la ram, aunque esté acechando en un discreto segundo plano. Se los concedo, el soporte para videojuegos está lejos de lo que acostumbramos en Windows, pero lo hay, aunque no creo que les llame mucho la atención a los jugones. Sin embargo, para los trabajadores, y sobre todo estudiantes que no tienen la pasta para ir cambiando laptop cada poco tiempo, Linux podría darles la oportunidad de aprovechar de mejor manera los recursos limitados de los portátiles básicos de hoy, ofreciéndote un entorno amigable, intuitivo, y con todo lo que necesitas para poder trabajar, incluyendo un buen soporte multimedia y de gráficos, ya sea para productividad como para el ocio, incluso si vienes migrando de Windows en cualquiera de sus ediciones.

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La personalización de Linux es tan vasta como el mar y está a la distancia de un click o algunas líneas de comando en la Terminal, para que te sientas como un verdadero miembro de Anonymous. Puedes hacer de Linux TU Linux (como el mío cargado al dark), y aunque otros tengan tu misma edición, estas pueden ser completamente distintas por fuera, pero por dentro seguirán siendo fuertes como un toro.

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La batería de mi portátil ya tiene un año y medio, y en este tiempo Windows me la fastidió bastante. Pero debo decir que en estas dos semanas de uso bajo Linux Mint, esta se está aguantando como toda una campeona, dándome cerca de dos horas, contra los 45 a 50 minutos a los que llegaba con el sistema operativo de Microsoft; nada mal.

Para ir finalizando toda esta verborrea, decir que no extraño nada de Windows, excepto quizás el volar por las Islas Quebradas intentando acabar con la Legión Ardiente. El Archimago Khadgar entiende que para salvar el mundo debes tener una buena armadura, pero también una buena máquina.

Nos vemos cuando actualice mi hardware.

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  • voy a probarlo que tal es

  • Javier Javier

    ” En Windows siempre he creado una partición que es donde guardo todo en caso de que el sistema falle y tenga que formatear, lo cual es cada tres meses (o menos)”

    Que mala suerte eso de tener que formatear tanto. Yo nunca he formateado un Windows, siempre ha ido como el primer dia con un minimo de mantenimiento. Normalmente formatea la gente que no sabe solucionar problemas y acaba llevandolos a la tienda para eso.

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