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¿Por qué se nos “pegan” algunas canciones?



Deees… paaa… ci-to

Iba a postear el estribillo completo de este hit, pero imaginé que sólo esa palabra es suficiente para que me odien.

El fenómeno de la “canción pegadiza” no es nuevo. Son varios los estudios que se han realizado a través de los años y hoy citaremos varios de ellos para tratar de explicar por qué no nos podemos sacar un coro que no necesariamente nos guste. Aunque algunas conclusiones de estos estudios revelarán algo que puede no agradarnos.

Music

En la película Inside Out (Intensamente en América Latina) producida por Pixar Animation Studios y distribuida por Walt Disney Pictures, se le da una “explicación” a este fenómeno. Dos de los personajes están haciendo “limpieza” en la mente de Riley, aspirando algunos pensamientos (simbolizados como bolas de cristal) y enviándolos al basurero. Si a Riley no le importa uno de esos pensamientos este se desvanece (la bola está en gris) y estos mentaleros lo envían al basurero, de donde no vuelve a salir. Mientras le explican esto a Alegría, entre los pensamientos aparece la canción que es el jingle de una goma de mascar, y estos obreros de la mente deciden enviarla al cuartel sólo por diversión, por eso es que sin quererlo Riley la canta cuando está haciendo alguna cosa rutinaria. Sin embargo, la explicación de por qué se nos pegan algunas canciones es un poco más compleja.

De acuerdo al profesor James Kellaris, de la Universidad de Cincinnati en Estados Unidos, canciones populares que vuelven a nuestra mente sin querer, generan una “picazón cognitiva” (metáfora que explica como estas canciones se nos quedan grabadas). El fenómeno es bastante común, y les pasa a todos: no sabemos cómo se nos “pegó” esa canción y por qué la repetimos, pero no podemos sacarla de nuestra cabeza.

Miembros del Departamento de Psicología de la Western Washington University (USA) han llegado a algunos resultados que contradicen muchas creencias y que no nos gustarán mucho. Una de estas conclusiones es que las canciones más repetitivas y con peor calidad (Despacito) son las que más se aferran a nuestra mente.

Al contrario de la creencia popular, que dice que sólo las canciones más odiosas se graban, hemos descubierto que son las canciones que la gente conoce y le gustan las que con mayor frecuencia se vuelven invasivas“, señalan los autores en la revista ‘Applied Cognitive Psychology‘.

Despacito 02Según los autores, es posible que las canciones invasivas negativas se recuerden más, y que cuanta más música se escuche, más posibilidades hay de quedarse enganchado con una canción. Además, dicen que a menudo los estribillos repetidos en la mente siguen algunas pistas determinadas. A modo de ejemplo, en una conversación casual, escuchar o decir una palabra que forme parte de la letra de una canción puede traer el tema a la mente y así empezará el círculo de repeticiones: “No sé qué les pasa a mis audífonos, de un día para otro comenzaron a sonar despacito”. ¡¡¡AAAAAAAAH!!!

De la misma forma, cuando una persona continúa tarareando una canción que acaba de escuchar, aumentan significativamente las probabilidades de que la melodía vuelva a la memoria en el transcurso de las siguientes 24 horas.

Los investigadores también han comprobado que las canciones que se quedan en el cerebro tienden a aparecer en mayor medida cuando la mente está inmersa en labores que no exigen un esfuerzo cognitivo demasiado alto. Con frecuencia la mente divaga cuando las personas están realizando actividades automáticas, fáciles o poco interesantes.

En nuestros experimentos, hemos visto que es fácil iniciar y manipular ciclos de canciones invasivas. En ese sentido, la música podría proporcionar una buena herramienta para establecer por qué aparecen determinados pensamientos no deseados y cómo controlar esos pensamientos“, afirman.

Los culpables

Fue un grupo de alemanes quien estudió este fenómeno por primera vez, y acuñaron el término Earworms (gusanos en el oído) para denominar a la canción pegajosa que se queda dando vueltas en nuestro cerebro.

Vicky Williamson, psicóloga musical de la Universidad de Londres, dice que los earworms son parte de un fenómeno mucho más amplio al que denomina “memoria involuntaria”. Sería lo que también ocurre cuando, por ejemplo, de la nada nos dan ganas de comer algo puntual, o se nos viene a la mente la imagen de algún suceso del pasado. La profesional explica que la música se puede codificar de muchas maneras. El estímulo multisensorial, como lo denomina, explica que la melodía no sólo entra por el oído, sino también por imágenes que nosotros le atribuimos y que el cerebro recopila de forma personal y emocional. Esto hace que guardemos ciertas canciones en nuestra memoria y dejemos otras de lado, como esa letra que jamás se nos olvida, aunque haya pasado tiempo sin oírla.

Listening music

Otras teorías

Daniel Levitin, de la Universidad de McGill, en Montreal, experto en neurociencia de la música, explica que en el pasado necesitábamos recordar la información de alguna forma. Es más efectivo aprender algo junto a una melodía, de esta forma se puede memorizar mejor la información necesaria debido a que el lenguaje escrito fue posterior al ser humano. Levitin añade que la combinación de ritmo, rima y melodía, ayudan a reforzar las señales que hacen que las canciones sean fáciles de recordar.

Para sacarnos esa odiada canción de la cabeza, Levitin recomienda pensar en otra canción para que nos haga olvidar la primera. Ojo, que sea una canción que sí nos guste, porque la segunda canción pasará a reemplazar a la primera.

Williamson, por otra parte, afirma que lo mejor para luchar contra los earworms es hacer otras actividades, como crucigramas o salir a correr.

Un estudio de 2012, publicado por la revista Psychology of Music, reveló que cerca del 90% de los finlandeses afirmó haber tenido pegada una canción en la cabeza al menos una vez a la semana. Cuanto más musical la persona, más earworms, y cuanto más familiar es la canción, más probable tiene de quedarse atascada en la mente.

Music

Investigaciones presentadas en la 12ª Conferencia Internacional sobre Percepción Musical y Cognición en 2012 en Tesalónica, Grecia, mostraron que las notas más largas con intervalos más pequeños de tono entre ellos se hicieron más pegajosas, quizás porque las notas largas y los cambios limitados de tono son más fáciles de cantar.

El profesor James Kellaris (Universidad de Cincinnati), realizó una encuesta a 1.000 personas con el fin de ver qué tan común era esto. El 99% dijo haber experimentado este fenómeno, de los cuales el 50% afirmó que le ocurría con frecuencia. Concluyó que hay tres posibles causas para que esto suceda.

Repetición: en su estudio, una gran cantidad de los encuestados dijo tener pegada las canciones que se repetían mucho. Kellaris señala que ante una frase o secuencia que se repite, el cerebro hace eco de este patrón a medida que la información musical se procesa.

Simplicidad musical: piezas simples tienen mayor posibilidad de provocar “picazón” en nuestro cerebro, lo que explicaría por qué algunas canciones para niños suelen quedarse pegadas en nuestra mente.

Incongruencia: algo inesperado que aparece en una canción, como compases y tonos irregulares, también causan este cosquilleo cognitivo.

Despacito

Despacito 01Con respecto a esto último, en Gizmodo hablan de por qué el éxito actual de Luis Fonsi, Despacito que suena hasta el hastío en radio latina que sintonicemos, ha permanecido tanto tiempo en los tops ten y por qué se ha pegado en el colectivo. Los invito a leerlo completo, pues incluye unas pistas musicales para explicar el fenómeno.

Fíjate en ese compás. La canción se para y el ritmo se rompe. La estrofa des… pa… ci-to no entra a tempo con el siguiente compás, lo hace fuera de ritmo en un punto completamente aleatorio. El productor se saltó la métrica —la matemática de la música—, y solo pudo hacerlo adrede”, señaló el productor a Gizmodo.

Malditos gusanos

La música afecta a la química del cerebro, hace que liberemos dopamina, una neurohormona liberada por el hipotálamo, y que se le relaciona con el placer. Además, tiene beneficios como la influencia en los procesos de aprendizaje, comportamiento, actividad motora, el sueño, el humor, etc. Un estudio realizado por la Universidad de Florida, sugiere que la música activa más partes del cerebro que cualquier otro estímulo, además de regular el nivel de hormonas relacionadas con el estrés, fortalecer la memoria y el aprendizaje, afectar la velocidad de las ondas cerebrales y recrear recuerdos, por mencionar algunos.

Por eso es que cuando escuchamos música que nos gusta nos sentimos tan bien, pero cuando suena esa canción que odiamos Despacito hazte cargo se produce un conflicto en nuestro cerebro que, por un lado, siempre espera escuchar música, pero cuando no es una pieza que vaya de acuerdo a nuestra personalidad, tiende a rechazarla. Como cuando pedimos nuestra comida favorita en el restaurante.

Supongamos que te gusta mucho el filete, pero el ajo es un aliño que te provoca rechazo. Si el filete, que te provoca tanto placer degustar viene acompañado de ajo en cantidades industriales, no lo vas a disfrutar mucho y por lo tanto no te provocará placer comerlo (y no dejarás propina).

Con la música pasa algo similar, y en particular con el fenómeno de la canción pegada. Muchos científicos concuerdan en que cuanto más intentes deshacerte de esa melodía que te atormenta, más tiempo permanecerá en tu cabeza. El simple hecho de pensar en ella la mantiene fresca en la mente.

También existe evidencia que indica que las personas con rasgos obsesivo-compulsivos tienden a experimentar este tipo de fenómeno con mayor frecuencia que los demás, aunque todos estamos expuestos, sobre todo cuando hacemos algo rutinario.

La conclusión general es que la canción tiene que ser bastante simple para ser recordada espontáneamente, pero también tiene algo único que hace que el cerebro quiera repetirlo una y otra vez“, dijo Kelly Jakubowski, investigador postdoctoral del Departamento De Música en la Universidad de Durham, Reino Unido.

Enlaces de interés (en inglés):

Why Do Songs Get Stuck in Your Head?

Journal of Consciousness Studies

 

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